
En mi barrio vivimos algo más de 2000 vecinos, de los que poco más de 100 formamos parte de la asociación de vecinos, y de los que poco más de 20 asistimos a las asambleas. Si eso lo traslado al Claustro Universitario, como ejemplo de participación en el ámbito profesional, os tengo que decir que llegar al quórum es el objetivo. Y si miramos la asambleas del partido al que pertenezco, el PSOE, sólo 1 de cada 5 vamos a las asambleas, siempre que en ellas no se decidan puestos. Todos ellos son ejemplos del nivel de participación que tenemos como ciudadanos. Son niveles de participación muy bajos. Pero además, me llama mucho la atención que la participación se vincule y vehicule a asociaciones.
Escribo sólo basándome en apreciaciones, pero creo que la baja participación tiene un origen común, la percepción de que no sirve para nada, que la participación no es tenida en cuenta, por lo que es una pérdida de tiempo.
Y la verdad es que resulta difícil comprender cómo en los tiempos de las redes y de las conexiones virtuales, la participación ciudadana no se promueve a través de estos medios.
¿Imaginamos a los ciudadanos, nos imaginamos, haciendo sugerencias legislativas a nuestros representantes, que nos leen y nos tienen en cuenta?, ¿imaginamos nuestra empresa introduciendo mejoras que habíamos sugerido?, ¿imaginamos nuestro partido político o a nuestro ayuntamiento escuchando nuestras aportaciones, debatiéndolas y considerándolas?.
Uno llega a la conclusión de que no se quiere o no interesa esa participación, probablemente para que las decisiones se perpetúen en los pequeños círculos que ya tienen esa potestad. Por eso, yo seré cada vez más exigente allá donde participe pidiendo nuevos cauces, más asequibles y con mayor frecuencia y flexibilidad que la presencia física. Las herramientas están, los medios y la accesibilidad también, así que no hay excusas. Los intereses de unos pocos no podrán prevalecer sobre los de los demás.
Escribo sólo basándome en apreciaciones, pero creo que la baja participación tiene un origen común, la percepción de que no sirve para nada, que la participación no es tenida en cuenta, por lo que es una pérdida de tiempo.
Y la verdad es que resulta difícil comprender cómo en los tiempos de las redes y de las conexiones virtuales, la participación ciudadana no se promueve a través de estos medios.
¿Imaginamos a los ciudadanos, nos imaginamos, haciendo sugerencias legislativas a nuestros representantes, que nos leen y nos tienen en cuenta?, ¿imaginamos nuestra empresa introduciendo mejoras que habíamos sugerido?, ¿imaginamos nuestro partido político o a nuestro ayuntamiento escuchando nuestras aportaciones, debatiéndolas y considerándolas?.
Uno llega a la conclusión de que no se quiere o no interesa esa participación, probablemente para que las decisiones se perpetúen en los pequeños círculos que ya tienen esa potestad. Por eso, yo seré cada vez más exigente allá donde participe pidiendo nuevos cauces, más asequibles y con mayor frecuencia y flexibilidad que la presencia física. Las herramientas están, los medios y la accesibilidad también, así que no hay excusas. Los intereses de unos pocos no podrán prevalecer sobre los de los demás.