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martes, 14 de julio de 2009

Formación empresarial, hacía un cambio

Estoy atento y expectante a las reuniones que tienen lugar estos días entre los agentes sociales y el gobierno encaminadas a obtener un pacto social para los próximos años. Lo estoy por varias razones. Una es que son tiempos complicados que suelen incitar a la agitación social porque las posiciones se radicalizan. Lo que menos nos conviene ahora es tener un panorama laboral y social convulso, con huelgas a la desesperada y con acciones que lleven a las partes a posiciones extremas. Hemos vivido ya las consecuencias de estos periodos y el más reciente, de entre los intensos, es él que vivimos en la primera mitad de los 80, con las reformas que los gobiernos de Felipe González abordaron en los astilleros, la minería, etc. En aquellas reconversiones, y en otras posteriores, siempre se exigió un esfuerzo importante a la clase trabajadora para reubicarla en otros sectores productivos, y se les pidió un esfuerzo adicional de formación encaminado a dotarles de los conocimientos necesarios para poder trabajar en nuevos sectores productivos. Y así se hizo, para beneficio de los empresarios, de los trabajadores y de la sociedad en general, eso sí, con el esfuerzo de los trabajadores.


Ahora se propone la transición a un modelo productivo basado en la innovación, en la generación de conocimiento y en la investigación. Y me pregunto si nuestra clase empresarial está preparada, me pregunto si tiene la formación adecuada para liderar esta transición. Sin ánimo de generalizar, y con las limitaciones que mi visión funcionarial aporta, creo que en España la clase empresarial media-pequeña está formada por empresarios mayoritariamente autodidactas, de empresa familiar, que aprendieron la gestión casi de padres a hijos, con sus defectos y algunas de sus virtudes. Dudo que esta clase empresarial, acostumbrada a buscar los beneficios en los entresijos de las cuotas a la seguridad social, la facturación olvidada, la seguridad en el trabajo como asignatura pendiente o los contratos a tiempo parcial pero de trabajo a tiempo completo, pueda impulsar la transformación de nuestra economía. Y el gran empresario español es aquel de grandes éxitos medidos sólo por sus beneficios, algunos encumbrados para luego acabar en la cárcel, de poder mediático pero que lideran empresas donde el Departamento de I+D+I brilla por su ausencia.

Por tanto, creo que llega el momento de que otros se sumen al esfuerzo y propongo que en ese pacto social se incluya, por primera vez, la obligatoriedad de la formación empresarial, con cursos de formación en pagos a la seguridad social, facturación sin doble contabilidad, formas de contratación a tiempo completo, inversión en seguridad en el trabajo y bienestar del trabajador, y cómo invertir en progreso no inmediato pero sólido: creación de departamentos de I+D+I.

Ya sé que nadie me escucha, pero y si esta vez sí.