Cuando estudiaba bachillerato, coincidiendo con los años de la transición, me planteaba como estudiar una carrera universitaria, era mi ilusión. Sin embargo, la situación familiar no era la más adecuada para ese destino deseado: mi padre era el único con un trabajo remunerado, Guardia Civil raso, eramos 4 hermanos y un piso por pagar (hipotecas de hasta un 15 % de interés, las cosas de la época). Todo un reto que muchas veces planteábamos mediante otras alternativas, trabajar y estudiar, posponer los estudios para cuando pudiéramos pagarlo, simplemente no estudiar e ir al mercado de trabajo lo más directo posible. Esta situación era extensiva a muchos chicos y chicas de mi generación y era más acuciante en algunas Comunidades, como la nuestra, Extremadura.
Sin embargo, también vivíamos un recién estrenado sistema que proponía un estado que reacaudaba para redistribuir en base a necesidades. Así, el sistema de becas, que premiaba tanto el esfuerzo académico como la necesidad por renta, venía a permitir que muchos entráramos en la Universidad sin apenas recursos económicos. El mismo sistema nos permitía hacer una Tesis Doctoral, cuatro años, pero ahora por méritos académicos con el objetivo de iniciarnos en la investigación. Y también gracias al mismo sistema, accedí a otra beca para irme al extranjero a aprender más sobre investigación. Otros casi 4 años de solidaridad.
Por tanto, no puedo considerarme otra cosa que un privilegiado y mimado por un sistema solidario que nos permite igualdad de oportunidades y progreso individual en base al esfuerzo de cada uno. Ese sistema, que se sustenta en la igualdad de oportunidades redistribuyendo riqueza, es la seña de identidad del socialismo, y yo soy un producto de ese sistema, muchos somos un producto de este sistema.
Ahora entenderéis que no puedo ser otra cosa que socialista. Creo en la igualdad de oportunidades para todos los territorios de este país, creo en el esfuerzo que se realiza y se sigue realizando para que todos tengamos las mismas opciones. Mi más sincero agradecimiento a este sistema que entre todos nos hemos dado. Por supuesto, los señores Suñé y Puig quedan excluidos del agradecimiento. Faltaría más.
Un saludo