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sábado, 30 de mayo de 2009

Aún nos queda mucho


He retomado los paseos, que estaba volviendo a mi caos corporal. El caso es que todos los días, cuando empiezo el paseo, observo la misma escena a la entrada de la zona recuperada tras la riada de los ríos Rivillas y Calamón. Un coche rojo de aspecto deportivo, de estos que los jóvenes utilizan para poner su radio al máximo de volumen. Sentados en su interior una pareja jóven, de unos 20 o 21 años. Él, con camiseta de tirantas y pantalón de chandal, moreno y con gafas oscuras que parecen ser una prolongación anatómica más que un complemento, pelo corto, muy corto, de estilo militar, quizás lo sea. Ella también con camiseta de tirantas y pantalón corto, muy corto. Ambas prendas muy ajustadas. Gafas también oscuras, muy morena y bonita. Los dos parecen yonis, así les denominan por aquí a este estereotipo o grupo urbano.

Cuando inicio el paseo los dos están en el coche, comiendo chucherías y fumando. Uno de esos días, a mi paso por el lado del coche, ella arroja una bolsa vacía. Les digo que "se les ha caído" algo (suave y educado) y ella casi que inicia el movimiento para recogerlo, pero él le dice que lo recoja yo. Los dejo, desde hace tiempo estoy más calmado con estas cosas y mientras no haya estoque de por medio, paso.

Casi dos horas después, cuando vuelvo de mi paseo, siguen allí los dos, pero él sigue dentro del coche, con un cigarro demasiado ancho para serlo. Y lo que me motiva a escribir esto es que ella está fuera del coche, armada con un limpia cristales y un trapo, quedando los cristales del coche límpios y relucientes. Y eso todos los días, rodeados por las bolsas que se les "caen".

Me revienta la falta de civismo, pero me revienta más la aptitud de esta pareja joven en los roles de desigualdad de genero.

Es la educación, es ahí donde tenemos que incidir para acabar con la mala educación y con la desigualdad de genero. De momento estamos muy lejos. Yo lo veo todos los días.

domingo, 8 de marzo de 2009

La lejana igualdad

No somos iguales, ni anatómica ni fisiológicamente somos iguales. Pero esta desigualdad entre hombres y mujeres no debería ir más allá, porque hemos evolucionado (espero) desde la época de la cavernas, dónde el hombre se dedicaba a la caza para llenar la despensa y la mujer a la cría y cuidado de la prole y el orden de la cueva.

Pero es un tema con él que me desilusiono por lo que veo. Os cuento que no hace mucho, en el campo, nos reunimos con la familia de mi mujer. Tres generaciones presentes y cinco nietos de mi suegra allí. Pues casi al terminar la jornada, la buena mujer le dice a mis dos hijas y a mi sobrina, que recojan las cosas de la mesa dónde estaban los más jóvenes. Mi hija mayor, que apunta maneras, le dice que también deben participar en recoger sus dos primos. Su abuela le dice que de eso nada, que son hombres, que dicho sea de paso se sonreían burlonamente ante el arrebato de mi hija (su prima) y la defensa de su abuela.

Esa generación de mi suegra no vivió otra cosa que el yugo de una sociedad machista y entiendo que no se haya liberado de él, pero la actitud de la nueva generación de hombres es frustrante. Tantas campañas y siguen comportándose igual. Yo creo que es porque probablemente véan lo mismo en sus padres, nuestra generación, que aún no hemos entendido que es verdad que somos iguales.

Para que algún día dejemos de celebrar este día, un día por la igualdad, hace falta que el 50% de la población que hemos sido favorecidos, los hombres, nos impliquemos en ello, sino seguiremos avanzando muy lentamente, y a base de discriminación positiva, que genera mucho rechazo.

Va por vosotras, para que entre todos lo consigamos.

PD: mis hijas se negaron a recoger sino participaban sus primos, la abuela se enfadó con ellas y bastante, y mi mujer y yo mediamos en el conflicto para que al final recogieran entre todos. Mi suegra sigue sin entenderlo, pero ya se le olvidó y mi hija sigue avanzando en sus convicciones.

jueves, 7 de agosto de 2008

Muchos somos un producto de la España solidaria

Cuando estudiaba bachillerato, coincidiendo con los años de la transición, me planteaba como estudiar una carrera universitaria, era mi ilusión. Sin embargo, la situación familiar no era la más adecuada para ese destino deseado: mi padre era el único con un trabajo remunerado, Guardia Civil raso, eramos 4 hermanos y un piso por pagar (hipotecas de hasta un 15 % de interés, las cosas de la época). Todo un reto que muchas veces planteábamos mediante otras alternativas, trabajar y estudiar, posponer los estudios para cuando pudiéramos pagarlo, simplemente no estudiar e ir al mercado de trabajo lo más directo posible. Esta situación era extensiva a muchos chicos y chicas de mi generación y era más acuciante en algunas Comunidades, como la nuestra, Extremadura.
Sin embargo, también vivíamos un recién estrenado sistema que proponía un estado que reacaudaba para redistribuir en base a necesidades. Así, el sistema de becas, que premiaba tanto el esfuerzo académico como la necesidad por renta, venía a permitir que muchos entráramos en la Universidad sin apenas recursos económicos. El mismo sistema nos permitía hacer una Tesis Doctoral, cuatro años, pero ahora por méritos académicos con el objetivo de iniciarnos en la investigación. Y también gracias al mismo sistema, accedí a otra beca para irme al extranjero a aprender más sobre investigación. Otros casi 4 años de solidaridad.
Por tanto, no puedo considerarme otra cosa que un privilegiado y mimado por un sistema solidario que nos permite igualdad de oportunidades y progreso individual en base al esfuerzo de cada uno. Ese sistema, que se sustenta en la igualdad de oportunidades redistribuyendo riqueza, es la seña de identidad del socialismo, y yo soy un producto de ese sistema, muchos somos un producto de este sistema.
Ahora entenderéis que no puedo ser otra cosa que socialista. Creo en la igualdad de oportunidades para todos los territorios de este país, creo en el esfuerzo que se realiza y se sigue realizando para que todos tengamos las mismas opciones. Mi más sincero agradecimiento a este sistema que entre todos nos hemos dado. Por supuesto, los señores Suñé y Puig quedan excluidos del agradecimiento. Faltaría más.
Un saludo