Siempre he intentado motivar a las personas de mi entorno, el laboral y el personal, a hacer aquello que creo que es lo mejor mediante incentivos positivos, es decir, mediante premios. Lo hago por convencimiento, ya que creo que la motivación y el aprendizaje es mucho más rápido y fácil mediante el estímulo que mediante la prohibición o el castigo.Pero no tengo más remedio que rendirme a la evidencia de lo que espero sea una excepción. Me refiero a los resultados que la Dirección General de Tráfico está obteniendo en los últimos dos años con el carnet por puntos y el incremento de las penas y multas por infracciones. Es absolutamente espectacular, con descensos en las muertes y en los heridos graves de entre el 25 y 30 %.
Aunque fui bastante reticente y escéptico con las medidas y cambios que se adoptaron en su momento, no tengo más remedio que rendirme a la evidencia y admitir que en algunos casos es necesario acudir al castigo y la prohibición para obtener los resultados deseados.
En el otro extremo se encuentra el premiar a quién no tiene los méritos suficientes o carece de ellos. Es un acto mezquino, que crea ídolos de falsos valores y dudosos méritos, y que incitan a los demás a seguir sus pasos.Este es el caso del Sr. Carlos Fabra Carreras, imputado por tráfico de influencias y fraude fiscal, y premiado por el partido de la gaviota a seguir presidiéndolo en Castellón.
Crean así un referente para los afiliados de su partido en el cuál mirarse, y que sabrán que para continuar en los puestos de dirección del partido necesitarán ser sospechosos de malas prácticas y cuantas más mejor.
Dos ejemplos muy diferentes de la aplicación excepcional del castigo y del premio. Los resultados del primero ya los conocemos y merecen la pena. Los resultados del segundo están por ver, pero de entrada da la impresión de que la corrupción es una opción para hacer política y ascender en el PP.
Saludos