Somos una civilización que genera una gran cantidad de desechos, tan elevada que estamos convirtiendo nuestro hábitat, la Tierra, en un estercolero. Las perspectivas no son muy halagüeñas, ya que el espacio para almacenarlos es finito, tiene límites muy concretos, los de nuestro planeta. Por ello se propone que los desechos que generemos sean reciclables, de hecho, lo mejor es que sean reutilizables, como los bricks, el vidrio o las latas. O que los desechos orgánicos se utilicen como biomasa para la generación de energía, evitándose así los enormes estercoleros altamente contaminantes y que se convierten en micro hábitat para ratas, cucarachas y demás carroñeros. Y en esta misma línea, está altamente desaconsejado el uso de materiales no biodegradables y de alta vida media, como los plásticos o algunos componentes de pilas y baterías, o los residuos radiactivos de plutonio o tritio. En definitiva, necesitamos hacer un gran esfuerzo de educación, información y comunicación para disminuir la cantidad y el tipo de desechos que generamos, algo que pasa por la concienciación en el reciclaje, el aumento en la recogida selectiva de estos desechos y en su reutilización tantas veces como sea posible.
Están surgiendo nuevas basuras, una de ellas se está generando a más de 30,000 Km de la Tierra en forma de satélites espaciales que giran alrededor de nuestro planeta casi sin descanso, y a la misma velocidad de giro. Esta basura espacial no es demasiado preocupante, ya que van equipadas con pequeñas cápsulas propulsoras que se encienden cuando dejan de ser útiles y que les impulsan hacia el espacio, dónde esta basura queda "diluida" en el infinito espacio exterior. Por tanto, no son consideradas como problema, a no ser que alguno de estos satélites caiga sobre la cabeza de algún extraterrestre en su planeta a 400 años luz de los que lo generamos. Más problema dan los numerosos satélites de comunicación situados a poco más de 300 Km sobre nuestras cabezas, en un espacio más reducido y sobresaturado (tanto que ya chocan entre si) y que no pueden escapar a la atracción de la Tierra, por lo que terminan por caer sobre nosotros con toda su basura de "materiales desconocidos".
Otras basuras se ocultan y se esconden en el olvido de todos para que no las veamos y neguemos así su existencia, pero que persisten obstinadamente por su insoportable hedor y nauseabundo rastro, como los últimos casos de corrupción en las comunidades de Madrid y Valencia.
Y otros se empeñan en emponzoñar el ambiente dejando que sus bocas dejen salir las basuras que habitan en sus interiores putrefactos, como el caso del Sr. Celdrán, que pese a la excelente honestidad que aprendió de sus padres (según él mismo nos ilustra), no deja de expresarse con un lenguaje soez, propio de un déspota sin el menor respeto por los ciudadanos a los que representa.Demasiadas basuras juntas, aunque para todas tendremos que buscar remedio, porque lo no es solución es dejarlas que se descompongan a su ritmo. Quizás sólo nos quede proyectarlas al espacio para que se diluyan en el olvido que el infinito espacio vacío da.