Hace ya mucho, corría el año 1995, tras mi vuelta de mi periodo posdoctoral, que me ocurrió algo que me ha vuelto ahora a la mente y que no volvió a ocurrirme.
Corría finales de junio, serían las 8 de la tarde y yo acababa de sembrar una placas y salía acalorado de detrás de los mecheros. No había nadie en la Facultad, silenciosa como estaba. En esto escucho un paso más bien firme, desde tacones, en el pasillo. Me asomo y veo a una alumna repetidora que me dice que la perdone, pero no pudo venir antes a la revisión de su examen y que si tendría inconveniente en hacerlo ahora, aunque fuera del plazo.
Yo no había recogido los exémenes, así que la hice pasar a mi despacho, compartido con otros dos profesores más por entonces, pero ese día vacio. Nos sentamos en mi mesa, busqué su examen y se lo dí junto con la plantilla de corrección del test. Le dije que cualquier duda que me la consultara. Menos de un minuto después
sentí su mano en mi sexo.
Y me viene ahora a la mente
qué pudo mover a aquella chica a hacer eso, probablemente
la desesperación por aprobar mi asignatura tras unas pocas de convocatorias, y casi que lo puedo entender.
Pero ¿qué mueve a
otros, en situaciones sociales y económicas mucho mejores, a corromperse?, ¿qué les mueve a exponerse a los riesgos que ello supone?. Sólo encuentro
la avaricia como motivo para los que se
arriman a políticos para conseguir suculentos contratos y pingues beneficios, y sólo encuentro
la avaricia (otra vez) para
los políticos que les dan esas ventajas, además de hacerles sentir poderosos, por encima de los demás.

No os preocupéis, no caí en su desesperación (no sé que hubiera ocurrido si hubiera sido
Borrasca), muy al contrario, la ayudé a encontrar nuevas salidas. De hecho, aprobó en la siguiente convocatoria. Ahora es una buena profesional, a la que veo en ocasiones en mi ciudad, y lo hacemos sin tener que rehuir nuestras miradas, sin vergüenza porque no hay nada que ocultar ni para avergonzarse.
No como otros, que no podrán llevar la cabeza alta, ni podrán mirar a los que fueron sus amigos,

que se escandalizan porque otros sentimos esa vergüenza, que esconden marcando distancia con los corruptos bajo una airada respuesta hacia todos los demás. Deberían mirar atrás y ver lo que decían y hacían cuando la corrupción llegó a casa del "vecino", ya hace algunos años, y que aún siguen esgrimiendo cuando los argumentos les fallan.
Un último pensamiento, no soy capaz de comprender cómo los partidos no son capaces de ver y prever esos comportamientos, que muchas veces casi que imaginamos en la vida normal. Y si lo que hacen es mirar a otro lado, ya es hora de terminar con esto.
Por supuesto, en el caso de mi antigua alumna,
el corrupto hubiera sido yo y sólo yo, que era él que estaba en condiciones de superioridad.
No os lo creeréis, pero lo que más me costo en este tema fue convencer a mi mujer de
mi inocencia, cuando llegue a casa con un pañuelo de tela (todavía existían en aquella época) completamente húmedo y manchado de rimmel y algo de carmín, porque se lo preste cuando arrancó a llorar por mi reacción. Todo un número.