
Tuve la ocasión de asistir a una gran conferencia el pasado día 20 de octubre en la Casa de la Mujer de Badajoz, auspiciada por la Asociación para la Memoria Histórica de Extremadura, e impartida por la Historiadora y Profesora Titular de la UCM, Mirta Núñez.
Y nos habló de otros de los grandes olvidados de la historia de la postguerra (de la nuestra, la Guerra Civil), los niños y las mujeres.
En un entorno social donde las mujeres tenían menos derechos que los hombres y donde constituían la retaguardia social, las mujeres y los niños también fueron fuertemente represaliados por el régimen franquista durante la postguerra.
La mujer que fuera sujeto activo en la lucha contra la ilegal sublevación franquista y que no fuese exterminada, fue recluida en cárceles, donde vivieron en condiciones inimaginables ahora. Para hacerse una idea, en la época la población reclusa superaba los 230.000 presos en una población de algo más de 20 millones de habitantes, hoy son algo más de 60.000 reclusos y somos algo más de 40 millones.
En esas condiciones, las presas políticas, las mujeres activas, trataban de mantener su estatus diferenciador de las delincuentes, no como forma de diferencia clasista, sino como forma de grupos de apoyo que les servían de sostén material (compartir comidas, ropas y cubrir las necesidades primarias) y emocional (muchas se quedaron sin parejas, hijos o familia). El régimen franquista, consciente de ello, les somete a una intensa propaganda que las califica sin piedad como delincuentes en el mejor de los casos, y como putas a todas ellas, obligándolas a romper esas estructuras de presas políticas, mezclándolas con las presas por delincuencia. "Y si no quieres caldo, dos cazos", además eran obligadas a trabajar cosiendo los uniformes de sus carceleras y de las fuerzas militares y del orden de la época.
Pero también sufrieron represalias las mujeres como sujeto pasivo, es decir, aquellas que no fueron encarceladas por sus actividades políticas o de apoyo a la república. Estas quedaron como únicos soportes de la familia y como únicos contactos de los encarcelados con el exterior. Tan importante era el papel de estas mujeras, que el régimen no tardó en romper los lazos familiares desplazando a los presos a largas distancias, insalvables en aquella época de penurias y conexiones inexistentes. Tan grave era la situación que la protitución era una salida, además consentida y promocionada por el régimen, que veía con buenos ojos ese final para estas mujeres y "el comportamiento tan macho del modelo de hombre hispano por ellos fraguado". Pero se les escapó de las manos a través de la difusión y expansión incontrolada de las enfermedades venéreas, toda una epidemia en la España de Franco. Tanto fue así, que inventaron lo que denominaron la Obra de Redención de la Mujeres Caidas, nombre que no necesita dar explicación alguna de los fines de tan "pía obra".
En estas condiciones, muchos niños (tanto de mujeres como sujeto activo, como de las que fueron sujeto pasivo) quedaron sin hogar o en hogares con economias y relaciones imposibles. El régimen franquista los recogía en casas de acogida regentadas por curas y monjas que iniciaban los programas de adoctrinamiento que buscaban la conversión de estos niños en el modelo franquista: "los hijos de los rojos de antes serán los curas y monjas de ahora". Tanto era así, que la propaganda publicaba estas "conversiones" en los periodicos de la época, como clara muestra de su victoria moral.
Está claro que con ellas y con los niños, tenemos una deuda moral que debe restituirse a través de la verdad, a través de la Memoria Histórica. Sino, tendremos más generaciones (ya hay dos en curso) que desconocerán estos hechos y que los calificarán como simples historias de viejos, y son mucho, muchísimos más que eso.
Va por ellas y por esos niños de infancia perdida para siempre.
Saludos
PD: Merece la pena que continuéis con este artículo de Malo Malísimo