
Hoy es un día especial, mi hija mayor llega a su mayoría de edad legal. Lo es para ella, lo es para nosotros, y lo es por alcanzar la mayoría de edad.
Viniendo a Cáceres me ha dado por pensar (en el coche y solo, tras casi 18 años haciendo el mismo camino, uno piensa mientras conduce) en qué significa para mi pequeña familia que mi hija mayor alcance la mayoría de edad legal, porque para ella está claro qué significa y las leyes lo marcan, pero ¿y para nosotros?
Los que tengáis hijos sabéis que tenemos y queremos mantener un cordón umbilical con ellos tras su nacimiento, de manera que nos gusta (y resalto eso de que nos gusta) que nuestros hijos sigan teniéndonos en cuenta y que, de alguna manera, sigan dependiendo de nosotros. Y esto no es natural: todas las especies tienen su programa de emancipación para su progenie como garantía de expansión y supervivenvia, y nosotros, la especie humana, tan llena de algunos sentimientos, no deseamos que así sea. Confieso que para mí es así, y es un sentimiento egoísta que a nuestros hijos en nada beneficia, pero que a nosotros, como padres, nos llena, llena una parte de nuestras vidas centradas en ellos, los hijos, la progenie.
Por eso, quizás, llevo un par de años preparando el terreno, y ante la madurez que ella va adquiriendo (confieso mi orgullo ante esta evolución) soy padre a demanda, sólo cuando ella me lo requiere, y confieso que me cuesta porque veo que cada vez es más independiente, más capaz en sus acertadas decisiones.
Qué duro es ser padre, qué bonita la mayoría de edad. Sé responsable, que sé que lo serás. Y para cuando lo requieras, aquí estoy.
PD: será la primera vez en que podrá ejercer su derecho al voto y yo, su padre, seré elegible. ¿Me votará? No lo sabré ni se lo preguntaré.